
Hoy en día, cuando pensamos en el mate, la mente suele viajar de inmediato hacia las llanuras de la Patagonia chilena, o bien hacia las fronteras de nuestros vecinos del Cono Sur. Sin embargo, la historia nos revela que el mate tiene un pasado urbano y central sumamente profundo en Chile.
Durante la época colonial, Santiago y los valles de la zona central eran territorios donde el agua caliente y la yerba mate dominaban la vida cotidiana de todas las clases sociales.
La yerba mate originaria de las zonas guaraníes
Ingresa a Chile a través de las rutas comerciales cordilleranas desde el Atlántico. Su adopción fue tan rápida y masiva que, hacia los siglos XVII y XVIII, no había hogar en el Chile colonial donde no se consumiera esta infusión varias veces al día.
Desde los salones aristocráticos, donde se servía en lujosos recipientes de plata labrada, hasta los rancheríos más humildes, donde se utilizaban calabazas secas, el mate era el centro de la interacción social.
La cruzada moral contra el mate
A pesar de su inmensa popularidad, la costumbre de tomar mate no fue bien vista por las autoridades eclesiásticas ni por los gobernadores coloniales de la época.
A lo largo del siglo XVII, se desató una auténtica campaña de desprestigio e intentos de prohibición contra la infusión, impulsada principalmente por sectores de la Iglesia católica y médicos de la época.
Los argumentos en contra del mate eran variados y combinaban prejuicios sociales con temores religiosos. En primer lugar, los detractores acusaban de que el mate fomentaba la «ociosidad extrema».
En una época donde el trabajo manual y la productividad colonial eran prioridades para la Corona, ver a grupos de personas pasar horas enteras sentadas compartiendo una bombilla era visto como un vicio inaceptable.
Por otro lado, se argumentaba que las «reuniones de mate» eran focos de murmullos, chismes y conspiraciones políticas. La preocupación aumentaba al observar que el consumo de mate disolvía las estrictas barreras sociales de la colonia, era común que en las cocinas compartieran el mismo recipiente los patrones, los sirvientes, los indígenas y los esclavos, algo que escandalizaba a las autoridades de la época, quienes veían en este acto una amenaza al orden social establecido.
Incluso se llegó a calificar al mate de «bebida sospechosa» e higiénicamente peligrosa, sugiriendo que la bombilla compartida transmitía enfermedades y que la yerba causaba adicción y «embotamiento de los sentidos».
La resistencia de la tradición
A pesar de las amonestaciones desde los púlpitos y de los decretos que intentaban multar su venta y consumo, el mate demostró ser una costumbre invencible. La población chilena ignoró las prohibiciones y continuó consumiéndolo de manera clandestina en sus hogares hasta que las autoridades finalmente desistieron de perseguirlo.
No fue la ley la que desplazó al mate de la zona central de Chile, sino la moda. En el siglo XIX, con la llegada de la República y la apertura comercial a Europa, la naciente élite chilena comenzó a adoptar las costumbres inglesas y francesas.
El té y el café de grano, considerados símbolos de modernidad y refinamiento, fueron arrinconando gradualmente al mate hacia los sectores rurales y el extremo sur del país, donde la tradición nunca llegó a perderse.
Para disfrutar de una tarde de lluvia al más puro estilo chileno, nada mejor que cebar un buen mate y acompañarlo con una porción de calzones rotos caseros, unas dulces e indispensables sopaipillas pasadas en almíbar de chancaca o unas tradicionales roscas fritas chilenas.
Preguntas frecuentes (FAQ)
1. ¿Cómo ingresaba la yerba mate a Chile durante la época colonial y qué tan masivo era su consumo?
La yerba mate ingresaba a Chile desde las zonas guaraníes a través de las rutas comerciales cordilleranas desde el Atlántico. Su consumo fue tan masivo en los siglos XVII y XVIII que se tomaba varias veces al día en todos los hogares de la zona central, desde los salones aristocráticos hasta los rancheríos humildes.
2. ¿Por qué las autoridades coloniales afirmaban que el mate fomentaba la «ociosidad extrema»?
Las autoridades veían el mate como un vicio inaceptable porque, en una época donde la Corona priorizaba el trabajo manual y la productividad, grupos de personas pasaban horas enteras sentadas compartiendo una misma bombilla en lugar de trabajar.
3. ¿De qué manera el consumo de mate amenazaba el estricto orden social de la época?
El mate disolvía las barreras sociales coloniales porque en las cocinas era común que compartieran el mismo recipiente y bombilla los patrones, los sirvientes, los indígenas y los esclavos, lo que escandalizaba a las autoridades de la época.
4. ¿Qué otros argumentos médicos e higiénicos se utilizaron en la campaña de desprestigio contra el mate?
Se calificó al mate de «bebida sospechosa» y peligrosa para la salud, argumentando que la bombilla compartida transmitía enfermedades y asegurando que la yerba provocaba adicción y el «embotamiento de los sentidos».
5. ¿Qué factor desplazó finalmente la costumbre de tomar mate en la zona central de Chile durante el siglo XIX?
El mate no fue desplazado por las leyes, sino por la moda de la naciente élite de la República, que comenzó a adoptar costumbres inglesas y francesas. Así, el té y el café de grano pasaron a ser los nuevos símbolos de modernidad, arrinconando al mate hacia los sectores rurales y el extremo sur.









